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martes, 8 de noviembre de 2011

Tomás de Iriarte.




EL GALÁN Y LA DAMA.




Cierto galán a quien París aclama,


petimetre del gusto más extraño,


que cuarenta vestidos muda al año


y el oro y plata sin temor derrama,




celebrando los días de su dama,


unas hebillas estrenó de estaño,


sólo para probar con este engaño


lo seguro que estaba de su fama.




«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,


dijo la dama, «¡viva el gusto y numen


del petimetre en todo primoroso!»




Y ahora digo yo: «Llene un volumen


de disparates un autor famoso,


y si no le alabaren, que me emplumen.»

martes, 25 de octubre de 2011

La cabra & el asno .


Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el establo.

La cabra empezó a envidiar al asno porque creía que él estaba mejor alimentado, y le dijo:

-- Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un foso para que te den unas vacaciones.

Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para devolver el vigor. Para ello entonces degollaron a la cabra y así curar al asno.

En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.

El lobo y la Grulla


A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso en la garganta, y corría por todas partes en busca de auxilio.

Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le salvara de aquella situación, y que enseguida le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en la boca del lobo, sacando de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la cancelación de la paga convenida.

-- Oye amiga -- dijo el lobo -- ¿ No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca ?

Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te dejan sano y salvo.

LA VÍBORA Y EL SAPO


Decía la víbora al sapo,

al tiempo que lo engullía:

Me gustás porque sos guapo.

Mantenés la sangre fría.

Dominás bien tus pasiones.

Y sabés – sin gritería

ni suscitar discusiones –

aceptar con alegría

la fuerza de mis razones.

Por eso es que te distingo

con mi aprecio y te prefiero.

Vos sí que sos un amigo:

disciplinado, tranquilo,

nada esquivo ni altanero....

Vos tenés los atractivos

que de un buen amigo espero.

Merecés que te rescate

del fango y la oscuridad.

Sos un sapo de quilates

y me honrás con tu amistad.

Y pensaba el sapo, duro,

ya yerto por el veneno:

Áspid pérfido y perjuro

¡ojalá me amaras menos!

Porque no aprecio tu apuro

por liberarme del cieno.

Yo estaba en mi agujero oscuro

más feliz con mucho menos.

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Entiende la moraleja

siempre nueva y siempre vieja:

Quien te devora en seguro,

satisfecho de sí mismo

y hasta finge en su cinismo

que es su apetito amor puro,

mientras te masca te alaba

Con tal que te quedes quieto.

Hay alabanza que es baba

para comerte en secreto.