martes, 25 de octubre de 2011

LA VÍBORA Y EL SAPO


Decía la víbora al sapo,

al tiempo que lo engullía:

Me gustás porque sos guapo.

Mantenés la sangre fría.

Dominás bien tus pasiones.

Y sabés – sin gritería

ni suscitar discusiones –

aceptar con alegría

la fuerza de mis razones.

Por eso es que te distingo

con mi aprecio y te prefiero.

Vos sí que sos un amigo:

disciplinado, tranquilo,

nada esquivo ni altanero....

Vos tenés los atractivos

que de un buen amigo espero.

Merecés que te rescate

del fango y la oscuridad.

Sos un sapo de quilates

y me honrás con tu amistad.

Y pensaba el sapo, duro,

ya yerto por el veneno:

Áspid pérfido y perjuro

¡ojalá me amaras menos!

Porque no aprecio tu apuro

por liberarme del cieno.

Yo estaba en mi agujero oscuro

más feliz con mucho menos.

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Entiende la moraleja

siempre nueva y siempre vieja:

Quien te devora en seguro,

satisfecho de sí mismo

y hasta finge en su cinismo

que es su apetito amor puro,

mientras te masca te alaba

Con tal que te quedes quieto.

Hay alabanza que es baba

para comerte en secreto.


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